Cada invierno, templos evangélicos de El Bolsón se transforman en cocinas solidarias

comedores

Hay una necesidad tremenda. Comenzamos con 25 platos de comida y hoy ya estamos en 65 y no damos abasto. Todos los días la olla queda vacía, pero la mejor satisfacción es ver la cara de alegría de los niños cuando nos ven llegar, siempre están esperando y salen corriendo a recibirnos”, reflejó el pastor Jaime Soto, al frente de una organización evangélica del barrio Esperanza que asiste “a los vecinos más necesitados, madres con varios hijos, desocupados y hasta gente en situación de calle que vive debajo del puente”.

En el barrio Usina, el pastor Joel Higueras prepara por sexto invierno consecutivo un operativo similar a partir de julio. Así, los almuerzos y cenas solidarias aumentan por todos los barrios de la ciudad a través de distintas organizaciones sociales.

Los trabajos temporales generados por el turismo, las chacras y la construcción desaparecen a esta altura del año, llevando los índices de desocupación por encima del 20%. A ello se agrega la actual coyuntura económica y los altos costos de calefacción, lo que obliga a muchas familias a recurrir a la beneficencia para obtener al menos un plato de comida caliente al día.

Cada invierno, templos evangélicos de El Bolsón se transforman en cocinas solidarias

Aún cuando remarca que “es tiempo de ser solidarios”, Soto admite que “las donaciones no llegan como quisiéramos” y se quejó “de las mentiras de muchos comerciantes, quienes nos dicen que van a donar y cuando vamos a buscar su aporte nos van corriendo de un día para otro. Nos pasamos dando vueltas y no se dan cuenta del combustible que se gasta y que se podría utilizar para llevar más viandas a la gente necesitada”.

Remarcó enseguida que “no tenemos un gran templo y las ofrendas no alcanzan, rápidamente invertimos todo lo que ponen nuestros fieles. Igualmente, hay gente que ayuda, inclusive vecinos de Bariloche y Lago Puelo, que anónimamente aparecen con un paquete de fideos o un cajón con verduras. En el momento más difícil, llegó un matrimonio que nos compró como $4.000 en mercaderías”, valoró.

El templo Congregación Cristiana Metodista Pentecostal está ubicada en la calle Amulén 586 del barrio Esperanza. “La biblia dice ‘lo que tengo te doy’ y eso hacemos. Acá vienen a tocar la puerta todos los días y debemos dar una respuesta. Sabemos que van a venir más, tenemos capacidad para hacer hasta 100 platos en doble turno, nuestra iglesia está dispuesta a trabajar por sus hermanos necesitados, pero necesitamos un poco más ayuda”, insistió Jaime Soto.

Cada mediodía, cuando la cocinera de turno anuncia que la comida está lista, “salimos rápidamente en los dos autitos disponibles a repartirla, porque la premisa es que llegue caliente a los beneficiarios”, detalla. Se agrega otro grupo de fieles que diariamente amasa el pan que acompaña cada ración.

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