Kielmasz, un psicópata sin cura que quedará libre

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En el 2001 fue condenado a perpetua por el primer triple crimen.

El único condenado por el primer triple crimen de Cipolletti, Claudio Kielmasz, volvió a pedir el beneficio de las salidas transitorias y, durante la audiencia, el juez de Ejecución Penal, Juan Pablo Chirinos, conmutó la pena perpetua y la redujo a 25 años, a pesar de haber sido perfilado como un psicópata irrecuperable.

La decisión no quedó firme debido a la recusación realizada por el abogado de las dos familias de las víctimas, Marcelo Hertzriken Velasco, y será evaluada en las próximas semanas.

La audiencia se llevó a cabo el 6 de febrero en la Ciudad Judicial de General Roca y duró alrededor de siete horas. El imputado, quien actualmente tiene 45 años y está cumpliendo la pena perpetua impuesta en el año 2001 en el penal de La Pampa, no mostró nerviosismo alguno durante la extensa jornada. Incluso, hasta solicitó una respuesta sobre la cifra definitiva de años a cumplir para quedar en libertad ya que, desde el momento en el que quedó preso, se derogaron y aprobaron un sinfín de leyes que hoy podrían beneficiar su situación.

Pero lo más destacado de la última audiencia fue la decisión de Chirinos de rebajarle la condena de manera tal que podría quedar libre el año que viene, independientemente de lo que digan los informes de los peritos psiquiatras.

El perfil del condenado

No es un secreto que Kielmasz fue perfilado por todos los peritos psiquiatras como un “psicópata irrecuperable” y que este trastorno lo llevó, a lo largo de los años, a tener una conducta casi impecable dentro de los penales en los que fue alojado desde el 2001.

Entre algunos de los rasgos más comunes de esta personalidad, y en cuales fue encasillado el imputado según consta en la causa judicial, se encuentra la falta de empatía, el egocentrismo y el narcisismo, encanto superficial, dificultad para aprender de la experiencia, insinceridad, manipulación del resto de las personas, ausencia de remordimientos y promiscuidad sexual, además de la capacidad de acatar las normas a pesar de no concordar con las mismas.

Si bien los informes dan cuenta de la correcta conducta de Kielmasz, también lo hacen sobre su capacidad de manipular a quienes lo rodean para salir beneficiado de las situaciones que se le presenten y actuar de la manera que otros esperan que lo haga, en un intento de que los informes que se le realicen sean favorables para su situación judicial.

Sin ir más lejos, en el 2015 fue trasladado de la Unidad Penal 15 de Río Gallegos a la Colonia Carcelaria 12, en Viedma, por supuestos problemas con una psicóloga criminalística. Según trascendió en aquel momento, había manipulado a la profesional de tal manera que tuvo que ser apartada por haber sido “contaminada” con las “acertadas” respuestas que dio el condenado.

En agosto de 2016, Kielmasz dejó ver su verdadera personalidad y los camaristas roquenses determinaron un importante retroceso en su conducta por haber amenazado a una docente del Servicio Penitenciario Federal.

Una polémica investigación judicial

Claudio Kielmasz comenzó siendo testigo en la investigación del primer triple crimen por haberse comunicado con el padre de las hermanas González, Ulises, para decirle que sabía dónde estaba el arma asesina. Pero pasó a ser imputado luego de que se comprobara que el revólver calibre 22 corto estaba a nombre de su madre y había sido usado en 1994 para asesinar a Yanet Opazo y herir de gravedad a su amiga, Claudina Kilapi, en el barrio Labraña. Por el triple crimen también estuvieron detenidos Hilario Sepúlveda y Horacio Huenchumir, el subcomisario José Luis Torres, el sargento Luis Minervini y el subcomisario Luis Seguel, todos por encubrimiento. Guillermo González Pino fue otro de los involucrados, a quien primero condenaron a 18 años de prisión, pero finalmente fue absuelto. Kielmasz, por su parte, fue condenado a cadena perpetua por ser considerado partícipe necesario del delito de secuestro agravado y regravado seguido de muerte, con dolo eventual.

¿Por qué el juez fijó la condena en 25 años de prisión?

El 6 de febrero, el juez de Ejecución Penal Juan Pablo Chirinos rebajó la pena de Claudio Kielmasz a 25 años y reiteró en la audiencia que el imputado ya está próximo a agotar su condena. Según explicaron fuentes judiciales, el cálculo surge de lo establecido por el Código Penal antes y después del 2004 con la aprobación de la Ley Blumberg.

Como Kielmasz fue condenado a perpetua en el 2001 -cuando la pena máxima aún era de 20 años- y sigue estando preso hasta la actualidad –siendo hoy la máxima de 35 años-, el juez habría realizado un promedio de penas antes y después del 2004. Y teniendo en cuenta que no es reincidente, obtuvo la cifra final de 25 años de pena.

Sin embargo, en este caso se hizo valer la ley del “dos por uno” (derogada en 2001), que permitía computar doble los años pasados en prisión sin sentencia firme, y Kielmasz había pasado 4. Por esta razón, y en el caso de que la resolución sea aprobada, el imputado saldría en libertad por agotar condena en el 2020, o incluso antes.

Por su parte, el abogado querellante Marcelo Hertzriken Velasco aseguró: “Kielmasz fue condenado a perpetua y cualquier modificación en la pena la tiene que hacer el Tribunal Superior de Justicia, no un juez”. Por eso lo recusó.

Penas más duras a partir de la famosa Ley Blumberg

En el 2004, la Ley Blumberg modificó los artículos 13, 14 y 15 con respecto al beneficio de libertad condicional para los casos de delitos de prisión perpetua considerados aberrantes -homicidios agravados, delitos contra la integridad sexual seguidos de muerte, delitos contra la libertad individual y torturas donde se produjera la muerte intencional de la víctima-. En estos casos se incrementó la pena máxima de 20 a 35 años de cumplimiento efectivo.

De esta manera, una condena que supere los 35 años puede ser considerada inconstitucional en base a los tratados de Derechos Humanos -que tienen jerarquía constitucional- y quien alcance esta suma podrá obtener la libertad por resolución judicial, previo informe del establecimiento de los peritos. En el caso de Claudio Kielmasz, él fue condenado antes de la sanción de esta ley, mientras que el juez dispuso que su pena fuera de 25 años de prisión.

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